martes, 21 de diciembre de 2010

La lluvia


María /Baza (uno de los últimos días del año pasado)
En los marcos blancos de las ventanas se formaban cataratas y las gotas de agua se amontonaban en los cristales empañados. Era un día de cielo encapotado y grisáceo en consecuencia. De vez en cuando se escuchaban los truenos a los que no seguían relámpagos, quizás por la lejanía de la tormenta. Pero, sin embargo, la lluvia era violenta y el ruido casi se asemejaba al del granizo. Abrir la ventana era un descuido que inundaba el cachito de suelo cercano a ésta y por eso no la abrí. Preferí quedarme con la frente presionada al cristal viendo como resbalaban las gotas que nunca llegaban a tocar mi cara, aunque si sentía el ambiente húmedo del día en ella, e impregnando de vaho el huequito que ocupaba mi boca y su alrededor. Cuando llamaron a la puerta todo mi mundo nebuloso desapareció dando paso al día soleado que amanecía y atándome mi bata abrí la puerta con mi sonrisa a la que de vez en cuando doy el privilegio de mostrarse a mi lado.

Era un amigo. Lo saludé, el típico buenos días, me parece que le dije. Me preguntó qué tal estaba. Me miraba, pensé que pensaría que  yo debería de invitarle a pasar, pero no lo hice porque no me apetecía. Le seguí la corriente hasta que se cansara y diera por improbable su propósito. Me preguntó por mi, le dije que bien. Hablamos un poquito más de cosas superficiales sobre él.  Seguidamente volvió a preguntarme por mi y le respondí que bien. Me dijo que se alegraba y que esperaba que siguiera siempre así, yo pensé que no me parecía buena idea pero le respondí que por supuesto y que, como siempre se dice aunque poco te importe, igualmente. Me dio dos besos de despedida, a los que evito siempre que me es posible, le dije adiós, seguido de hasta luego y un último xao, miré como doblaba la esquina  y después de sentir que ya no estaba cerré la puerta con una sonrisa (que pongo cuando sé que la situación ha sido estúpida y que la otra persona se siente complacida de todas maneras) y me di la vuelta de nuevo hacia esa ventana en la que las gotas de agua se acumulaban.

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