¿Quién no tiene fantasmas? Tranquilo, porque con el tiempo sólo aparecen por la noche.
Imagínate que estás metido en tu cama, la puerta está entornada y antes de apagar la luz ves que algo pasa rápidamente por la puerta. Piensas que no ha sido más que un fallo de esa vista cansada que lleva todo el día trabajando. De repente suena el cuco, el corazón te da un respingo porque no te esperabas ese sonido. Son las 2 de la mañana y ya deberías estar dormido. Entonces apagas la luz y después de cerrar los ojos vuelves a abrirlos y a mirar hacia la puerta para ver si vuelve a ocurrir lo de hace unos instantes. Tenías un sueño horrible, deseabas llegar a la cama y acostarte, y ahora, por culpa de algo que tu mente ha creído ver, estás pensando. Cuando cierras los ojos escuchas un ruido y vuelves a abrirlos. Ha crujido el armario… pero tú te figuras que tiene algo que ver con lo que hace un momento viste en la puerta. Te quedas un rato con los ojos abiertos mirando al vacío y después de una sacudida de miedo penetrante, recordando lo que viste o imaginaste en la puerta, buscas con la mano el interruptor y enciendes la lamparita de la mesita de noche. Miras a la puerta, no hay nada, sabes que no hay nada, sin embargo tu cabeza le da vueltas y vueltas y vueltas a esa imagen… y lo peor es que ya no te atreves a apagar la luz y te quedas mirando al techo, y con el corazón dando un brinco nervioso cada vez que escuchas crujir un puñetero mueble. No puedes dormir y sabes que tienes que levantarte temprano y lo peor de todo: sabes que mañana te reirás de ti mismo y lo considerarás una tontería monumental.
Imagínate ahora que ese fantasma no es más que uno de esos problemas, de esos momentos y de esas personas que la rutina del día a día nos nubla. Que creemos que ya hemos olvidado, que los hemos dejado atrás, que sencillamente, no existen. Pero que sin embargo, en ocasiones aparecen; por la noche.
(by María Rodríguez González)