María Rodríguez / Málaga (Alguno de los primeros meses de 2010)
Una mañana entró tanto sol por mi ventana que la habitación a la que me refiero estuvo toda la noche iluminada. Incluso a la mañana siguiente podían encontrarse rastros de los rayos de sol que ya empezaban a salir de nuevo. Serían las diez, porque a decir verdad, me cuesta levantarme de la cama. Si consiguiera levantarme a las nueve sería la hora idónea, pero el sueño recae sobre mí y hasta que no termino de soñarlo no me deja abrir los ojos.
Aquel día… me levante a eso de las once porque no podía dormir con tanta luz acumulada en la habitación y me senté en la esquina de la ventana de la que procedían los primeros rayos. Empecé a recordar lo que había sucedido la noche anterior y el poco calorcito que me proporcionaba estar al lado de la ventana me hizo divagar más tiempo del esperado, descubriendo para mi asombro de que eran ya las diez y veintiséis. En aquellos minutos, casi media hora, recorridos, pensé. Qué incongruente era que fueran las diez cuando yo me había levantado aquel día a eso de las once, pero este pensamiento era el más estúpido, pues no era la primera vez que me pasaba. El solecito cada vez más alto también me distraía. Estaba claro, quería olvidarme de todo y pensar que nada había ocurrido la noche anterior.
Sin embargo, después de mirar en el teléfono móvil que llevaba demasiado tiempo en la ventana, me levante, poniendo mis manos en el trasero, porque lo sentía helado, y fui a la cocina donde me preparé el vaso de leche en el que me tiré removiendo el Cola Cao con la cucharilla quince minutos. Estaba atontada, me prometí a mi misma que no volvería a ocurrir eso que me estaba preocupando, si él quería distanciarse de mi, vale, que iba a hacer, cada uno toma las decisiones que le placen y cree más convenientes, yo no quería eso, pero tenía que aceptarlo, así que esos quince minutos me los tiré asumiendo algo de lo que quizás más tarde me volvería a discutir.
Después decidí ducharme, tenía treinta y cinco minutos, tiempo de sobra, pero después de haber estado quince minutos removiendo un vaso de leche… cuánto tardaría en ducharme… Me resulta patético detallar todos los preparativos que tuve que hacer para ducharme, solo puedo asegurar que me dio tiempo para que cuando a las once saliera de la cama, estuviera todo listo.
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